La importancia de tener recuerdos en familia


2018-11-27 | Es en casa donde se construyen recuerdos, y se viven momentos inolvidables, son recuerdos que se quedan guardados en el corazón como el tesoro más importante.


Sixto Porras*

Nada se disfruta más que pasar tiempo en familia. Hay tradiciones que no se olvidan. Nunca olvido a mi papá cocinando su plato favorito los domingos. Había ilusión y estábamos alegres, la familia estaba junta. Ese día asistíamos a la Iglesia en la mañana; todos sabíamos que nadie podía hacer otros planes. Al llegar a casa, papá se ponía el delantal y sacaba los ingredientes; los demás colaborábamos en poner la mesa, y al medio día la familia estaba comiendo unida. Hablábamos, reíamos, contábamos un buen chiste o las historias de la semana.

La mayoría de las personas podemos recordar fácilmente aquellas cosas que en el pasado nos hicieron disfrutar en familia; ir al parque a jugar, elevar un papalote, o tirarnos al suelo para que los pequeños se montaran a caballito sobre nuestros hombros. Construir recuerdos es esencial para las familias. 

Los recuerdos nos permiten capturar buenos momentos. Hay recuerdos que se quedan en el corazón porque son parte de las tradiciones familiares que no se olvidan. Papá y mamá nos permitieron compartir en familia momentos inolvidables. Nunca olvido cuando era niño, la ilusión que generaba ir a la piscina del pueblo a bañarnos o cuando íbamos al río a descubrir un nuevo lugar para nadar. En familia se disfruta mejor todo, porque se convierte en algo nuestro, y es parte de nuestros recuerdos más preciados.

Los buenos recuerdos crean tradiciones generacionales. Tengo unos amigos que recuerdan cuando sus padres se vestían elegantes los viernes  por la noche para salir a cenar juntos y solos. Todos en casa sabían que las noches de los viernes, era la noche de los padres. Se acostumbraron a ser visitados por una tía que los cuidaba mientras sus padres disfrutaban de su noche a solas. Ahora que mi amigo es grande, tiene la misma costumbre con su esposa. Porque las vivencias de la familia nos siguen cuando crecemos.

Mi amigo Héctor tiene la costumbre de hacer un asado en su casa para la familia los domingos por la tarde. Da gusto verlo cocinar con tanto esmero y amor. Es un almuerzo que se extiende toda la tarde, su familia charla, ríe y la pasan bien. Ahora que sus hijos han crecido, tienen la misma tradición con sus familias. Porque todo lo que se disfruta en familia se hereda a las nuevas generaciones. 

Los buenos recuerdos nos motivan a seguir juntos. Cuando nuestros hijos estaban pequeños y salíamos de vacaciones no podían faltar los juegos de mesa. Era tradición sentarnos a jugar diferentes juegos que nos permitían reír y pasarla bien. Las vacaciones en familia son propicias para conversaciones amenas, planear las siguientes vacaciones y dormir juntos en la misma cama. Mis hijos han crecido, y aún hoy les emociona ir de vacaciones con nosotros, porque es parte de nuestra tradición familiar. Pensé que algo cambiaría con el paso de los años, pero me doy cuenta que lo que se disfruta en familia, se vive con mayor intensidad y siempre se quiere repetir. Los padres debemos jugar pases con los niños, ir al cine con nuestros adolescentes, salir a cenar en familia, jugar en el parque, realizar paseos por el campo, conocer nuevos lugares, o simplemente, ver una película en casa. Cualquier actividad puede convertirse en algo tan espectacular que desearemos preservarla como una buena tradición. 

Para construir algunos recuerdos se necesita un poco de planificación. Tengo unos amigos que en el verano se van de vacaciones, y nada interfiere con ese tiempo maravilloso. Siempre lo planean con suficiente tiempo; ahorran, se distribuyen las responsabilidades y se disponen a disfrutarlo. Pocas veces he visto a una familia disfrutar tanto las vacaciones como ellos, es como si fuera algo sagrado, nada los detiene para divertirse y pasarla bien. Mi amigo es un exitoso empresario, y trabaja duro para mantener a su familia, pero es tan importante ese tiempo de vacaciones que cada mes hace el ahorro para las vacaciones deseadas. Su pasión es ir a la playa, y su momento más emocionante ocurre al final de la tarde cuando el sol comienza a descender y se sientan todos a ver el atardecer. Es ahí cuando dialogan, ríen, se divierten, y al final, ninguno de ellos quiere irse, porque hay cosas que en familia se disfrutan mejor.

Otros recuerdos se construyen espontáneamente. Los momentos más emocionantes son los espontáneos, esos que surgen sin que nadie los planifique. Esto me ocurrió con mis hijos muchas veces. Al llegar a casa me decían: “Papi están dando una excelente película, ¡vamos a verla!”. Me cambiaba para estar más cómodo, y nos íbamos al cine. Surge una alegría en esos momentos que no se cambia por nada. Los hemos llamado “un tiempo papá–hijo”. Solo nosotros dos, o nosotros tres. Por eso, sea espontáneo, y disfrute más las locuras que se recuerdan para siempre.

Es en casa donde se construyen recuerdos, y se viven momentos inolvidables, son recuerdos que se quedan guardados en el corazón como el tesoro más importante. Nada se disfruta más que estar en familia. Para que estos momentos en familia sean mágicos, debemos tener la mejor actitud, disponernos a disfrutar lo que estamos viviendo, ser espontáneos y ahorrar energía al regresar a casa. Definitivamente el amor se disfruta más en familia.







*Sixto Porras. Director Regional de Enfoque a la Familia. Autor de los libros: «Amor, Sexo y Noviazgo», «De Regreso a Casa», «Hijos Exitosos», «El Lenguaje del Perdón» y «Cree en ti». Coautor de: «Traigamos a los pródigos de regreso al hogar» y «Meditaciones en Familia». Esposo de Helen, y padre de Daniel y Esteban. Su pasión es ayudar a las familias a mejorar.