Cultivando el jardín de tu corazón


2024-03-25 | ¿Deseas realmente dar fruto?


Por  Nancy Leigh DeMoss

Hace varios  años, cuando estuve lista para comprar una casa, compré un solar con vista al río, e hice edificar allí una casa.  Cuando la construcción terminó, un arquitecto paisajista  me hizo una propuesta.  Ese otoño  pagué lo que me pareció una fortuna a la compañía  que haría el diseño de mi jardín, y luego me senté a ver  que sucedía.

¡No pude creer lo que veían mis ojos! Las plantas que compraron eran pequeñas, flacuchas, y poco impresionantes.  Más de una vez me dije a mi misma, “¿Pagué  tanto dinero por esto?”

Sintiendo mi falta de entusiasmo, el paisajista me  animó diciendo “espera y verás". La siguiente  primavera el escenario era aun menos espectacular.  ¡Y las malas hierbas—oh, las malas hierbas!

Espera un poco más. Sacamos más malezas  y aplicamos fertilizante a todos lo sembrado y continuamos esperando.

Cada año un jardinero podaba las plantas, arbustos y  árboles. Esto no me parecía exactamente un gran progreso.  Pero   lo que no podía ver era  como la luz del sol, la lluvia, el fertilizante, las podas y aun la nieve en el invierno estaban ayudando a aquellas plantas a aumentar su tamaño y hacerse mucho más fuertes.

Han pasado más de diez años desde que hice ese jardín. Ahora puedo salir  en cualquier momento entre abril y octubre, y ver una gran variedad de hermosas flores y plantas.

Tomó años de cuidadosa supervisión, pero ahora mi jardín está cumpliendo  el propósito  para el cual fue diseñado.  Es un lugar de gran belleza y dulces aromas que proporciona  deleite a todos los que lo visitan—un lugar donde los corazones se elevan hacia el Creador.

Ahora bien, el punto por el cual te dije todo esto es que  Aquél que te escogió para que fueras Suya  anhela deleitarse  en el jardín de tu corazón.  En la medida en que camines en unión y comunión con Él, destilarás un aroma fragrante  y darás  exquisitos frutos—la fragancia y los frutos de Su Espíritu.

¿Cómo puedes hacer de tu corazón un jardín para Dios?  Cuidándolo con esmero, en la medida en que pasas  tiempo con Él en oración  e íntima adoración.

La personificación de la serenidad

En su libro Como Adorar a Jesucristo (How To Worship Jesus Christ), Joseph Carroll nos habla de una madre cuya vida de devoción  y comunión con el Señor   Jesús hizo que su espíritu fuera bello y fragante.  Carroll  le preguntó, ¿“a qué hora te levantas a  buscar al Señor?”

A lo que ella respondió: “Oh esa no es mi decisión.  Hace mucho  tiempo    escogí estar disponible  en cualquier momento que Él quisiera tener comunión conmigo.”  No importa la hora,  cuando esta mujer se percataba de que Dios la estaba  llamando, ella salía de la cama, iba a la banqueta del piano y adoraba a Su Señor.

Carroll  le siguió preguntando, ¿“Y por cuánto tiempo se queda usted allí”?

A lo que la mujer respondió, “Oh, eso depende de Él.  Cuando me dice regresa a tu cama, yo regreso. Y si Él no quiere que duerma, simplemente me quedo despierta.”

Ella era la personificación de la serenidad, comenta Carroll.  “Ella era de Cristo  y de Cristo solamente.”

Las Bendiciones de la Comunión con Dios

S.D. Gordon dijo, “La oración aclara la visión de manera maravillosa, estabiliza  los nervios, define  el deber, afirma los propósitos, y endulza y fortalece el espíritu.”

No es de extrañar, entonces, que la efectividad con la que Jesús ministraba las necesidades de otros naciera de Su tiempo de comunión con El Padre (Lucas 5:16-17). De hecho, siempre que Jesús se retiraba por un tiempo a orar, las multitudes eran luego atraídas hacia  Él como un imán, porque  veían  en  Él la semejanza con Su Padre (Marcos 6:46, 54-56).

Cada una de nosotras tiene la oportunidad de cultivar la belleza  de una vida devocional diaria. El  tiempo que pasamos diariamente en la Palabra y la oración  dará frutos en nuestras vidas, en la medida que experimentamos  una intimidad cada vez más profunda  con nuestro Padre celestial.

Aquellas que están dispuestas a deshacerse del clamor y las demandas de la actividad de cada día para sentarse a los pies de Jesús y escuchar Sus palabras, experimentarán una intimidad que la mayoría de los creyentes desconocen.  El fruto de esa devoción se manifestará   en una vida ordenada y apacible.

Si decides  cultivar tu corazón como un jardín del Señor, estarás bendecida y otros serán bendecidos. Y es todo, todo, todo  por el Amado.







© Usado con permiso. Adaptado de En la Quietud de Su Presencia por Nancy Leigh DeMoss. Moody Publishers, 2000. https://www.avivanuestroscorazones.com